viernes 27 de marzo de 2009

El miedo de existir...

Tengo miedo de escribir sobre el miedo. Algunas personas pueden pensar que el pesimismo es uno de mis rasgos personales y tengo miedo de que me juzguen. Pero quiero explicarme el por qué...a mi otra parte, la que parece o ¿es? optimista... verás... te tuteo...otra vez supe de un secuestro, cercano, no vayas a creer que era una noticia. Otra vez sentí el terror ese de cuando las cosas más te afectan mientras más cercanas son. Me acordé de aquel compañero de bachillerato hijo de hacendados que asesinaron en una carretera un domingo frente a su hijo de dos años, justo cuando le había dicho a sus guardaespaldas que descansaran por ese día. Me acordé también de otros conocidos, gente de trabajo también a quienes esta amenaza les llegó hecha realidad y ahora después de unos años del suceso, manejan con los ojos bailando entre los espejos retrovisores como si el estado de alerta constante pudiera ser una barrera de protección. ¿Que por qué hablo así dando tantas curvas y no digo nombres y todo parece como un relato de un amigo que dice que conoce un tipo como dice Serrat? porque toda esa gente que conozco se siente vulnerable y no se atrevió nunca a pedir ayuda. Será porque no hay a quién. Y no quiero que algo malo les vuelva a pasar. Las historias son todas parecidas. La sofisticada logística de la maldad, la captura de los más débiles para facilitar el terror, la presión psicológica sobre los que quedan para pagar un rescate, el maltrato, la complicidad astuta con algunas personas que se suponen velan por la seguridad, la pérdida de respeto por la vida, la selección azarosa... ya no del que podría tener, sino de cualquiera blanco fácil para que la familia se obligue a hacer relaciones sociales de crisis. Las frases son dignas de grabar para luego cuando pasees por el mundo como me pasó a mi estando en Grecia... puedas darle un CD de obsequio a todos aquellos que te digan cuando nombras a Venezuela, "ah maravilla de país... yo amo a tu presidente". Las frases que salen de esas experiencias de secuestro son de literatura fantástica: "ah, ¿viene a poner la denuncia de un secuestro? siéntese ahí al lado de esas personas, ya con usted van cuatro hoy aquí en Caracas", "ah sí... ahora ese es el modus operandi, te llaman desde la cárcel amenazando a tu familia si no depositas una cantidad porque resulta que los presos tienen celulares, Internet... y todo", "cada cinco minutos me llamaban diciendo que me lo iban a matar", "mientras me tenían me dijeron que tenían una lista de todos los secuestrables y nada garantizaba que cuando terminaran la ronda no empezaran de nuevo", "sabían hasta dónde tomaba café y con quién", "¿cambiar el número celular después de esto? tendría que eliminar las cuentas del banco, cambiar de carro, cambiar a los chamos de colegio", "en la comisaría tienen la pared llena de placas de reconocimiento de las familias, pero no tenían papel para imprimirnos la denuncia". La lista es interminable y algunas partes censuradas, no aptas para almas felices. Yo que quiero tanto a la Virgen del Valle, no puedo evitar poner en la palestra el aspecto religioso y darme el lujo de dudar bajo el pretexto de que soy un pobre ser humano. ¿Necesidad? ¿hambre? ¿son esas las causas de esta abominación? en un país de verano perenne, de cambures que nacen en el patio 2x2 de un rancho, de Agendas Venezuela, mercales y misiones, de educación gratuita, de parques y museos gratuitos, de playas maravillosas, de paraíso fiscal, donde hasta es un negocio hacer empanadas (con lo que rinde esa harina de esos capitalistas, proyankees, oposicionistas, candidatos a expropiación). No hay derecho. Por lo menos nos queda el derecho al derechito como decía el prostituido Alí. Y tengo miedo. No es que me considere secuestrable, cualquiera lo es. Tengo miedo de saber y de entender. De poder oír todas esas historias. Tengo miedo de mi, que no soy capaz como otros, de salir despreocupada todos los días a jugar la lotería. No se puede vivir así queriendo simplemente vivir en paz sabiendo que hay tanta y tanta gente queriendo vivir en guerra.