Cuando ya nada importa los días son laxos,
se diluyen como la lluvia en el agua del río
que finalmente es el mismo líquido sin olor y sin sabor,
una extensa calma recorre el cuerpo que ya no gime
sonríe, pero más por mueca al mundo que por calidez,
cuando los días se suceden y se ve todo igual como un océano
prevalece cierta calma pasmosa, entumecedora, sin variantes
el alimento puede llegar a ser el mismo siempre y está bien
puede venir un beso frío, uno ardiente o ninguno, y está bien,
nada vale y todo tiene el mismo peso que una pelusa.
Cuando ya todo da lo mismo las dictaduras no importan
no hay luchas envalentonadas ni protestas ni aspiraciones
tampoco se admira la belleza o la música, ni el arte
la vida que es un estar y más nada, solo transcurre
te sientas sobre el tronco que apenas roza el lago
y dejas caer los pies, sin miedo, sin curiosidad siquiera
nada se resiste, todo se doblega, se pliega, se adosa.
Cuando ya nada importa, ni un punto hay que poner
para terminar estos pensamientos en desvarío
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