Y una noche se oyeron y se vieron todos los pensamientos del mundo
también los suspiros como saetas intercaladas
una gran urdimbre de hilos de energía que conectaban todo
algunos estaban rotos, inconclusos y algo apagados, otros feroces
bramaban libertad principalmente en un discurso confuso
sin caras, sin manos, sin autores,
se veían como un gran mantel tejido sobre la Tierra.
Yo los vi, supuse que al tocarlos los haría míos, sin importar su naturaleza
luego me quedaría con aquellos que me hicieran sabia, botaría los sangrientos,
me quedaría sin duda con las esperanzas, no, con las certezas de tiempos mejores,
botaría los recuerdos tristes, los deseos inútiles y la lujuria que erosiona la paz
pensé en estirar mi mano, como una gran garra gigante que tocara esas cuerdas,
lo vi todo tan posible, tan cercano, tan real, pero no pude,
me desperté sin almohada, al pegar la sien en los tornillos del catre
en la podrida realidad de las paredes de mi celda.