domingo, 5 de septiembre de 2021

UN PAÑUELO DE MI PADRE

 No había caído en cuenta de la importancia de los pañuelos hasta que hoy hablando con la Lola que está en Sevilla, uno de esas amistades que recuperé de mi trabajo allá lejano en una agencia  de comunicaciones, lo trajo a colación. Ella ahora está allá, yo al otro lado del mundo, y nos encantamos con muchos minutos de mensajes de reflexiones sobre cosas, como podcasts únicos para dos. Ella no sé por qué, me comentó que le había enseñado a su esposo varias cosas, como por ejemplo a darle flores a su madre, haciéndole ver que a todas las mujeres (la mayoría) nos encanta que nos regalen flores (para meterlas en un florero y el agua se ponga piche y haya que cambiarla pero así es). También le enseñó el arte de llevar pañuelo, que no es para el hombre no señor, es para la mujer. No había reparado en eso. Fue como un eureka, un  acto de magia. Yo me traje un pañuelo de mi padre a mi exilio. El sudaba demasiado, siempre debía secarse la cara. Pero también sus pañuelos servían para limpiarnos las manos, limpiarnos la ropa si caía algo de helado o mojarlo en algún lavamanos para refrescarnos si hacía calor. También servía para las lágrimas. Los pañuelos de papá siempre estaban planchados y él los mojaba en colonia. Qué cosas las cosas que uno mete en una maleta para no volver jamás. Es el subconsciente quien las arma y los recuerdos que danzan queriéndose materializar en pequeñas cosas. También me traje un marcalibros en el que escribió "quiero estar junto a ti mientras creces". Tengo algunas canas ya pero hoy volví a ser niña con una estrellita de asombro. Tengo aquí un pañuelo sin colonia de mi viejo.


LA LLUVIA DEL ABUELO

De todos los personajes fascinantes mi abuelo era uno de ellos. Era corriente, un hombre, simplemente, pero era un héroe noble para mi. Le e...