domingo, 25 de septiembre de 2011

ALGA TUNDRA

Dejaré que me coman como a un alga oceánica los diminutos peces.
Bajaré a profundidades obscenas pasando la tundra celeste del mar
vede, verde mar, aguamarina, celeste, azul marino, oscuro, azul petróleo, 
ondeando las escamas, sin dejar rastro de olor porque el agua lo impide.

Allá abajo encontraré un pez jamás antes visto deformado por la oscuridad.
Allá miraré por fin una ciudad perdida que nadie conoce y todos temen.
Me internaré sutilemente con las ondas del agua y mi cuerpo formará agallas.
Allá no me encontrarán los anzuelos metálicos del pestilente pasado.

Viviré en cavernas de los tonos más penumbrosos que invitan al olvido
y me volveré transparente ante la ausencia castigadora de la luz y del amor.
Allá no hay nombres porque muchas de las especies son desconocidas.
Me quedaré asida con ventosas en la carcaza podrida de un barco en tinieblas.

Allí el mar no es salado, ni violento, ni feroz ni lúgubre, es sólo mar, sin sentido, sin alma.
Allá el mar pierde olor y el Sol ya no tiene dominio, ni la luna, ni algún astro descubierto por el hombre.
Me quedaré con las especies por descubrir, entre los tesoros áureos de tiempos remotos.
Allá reposaré los cariños, los anhelos, los recuerdos, la alegría, el sarcasmo, el desengaño
y me volveré poco a poco herrumbre de mar y asilo para peces tristes y enfermos.

jueves, 15 de septiembre de 2011

UNA HOZ

En un país no muy lejano, un rey moribundo en traje de dormir se aferraba a su trono mientras la muerte le hacía cosquillas en los pies con la puntita filosa de su hoz 

viernes, 9 de septiembre de 2011

Bien venida alegría, bienvenido pesar - John Keats

Bien  venida alegría, bien venido pesar,
la hierba del Leteo y de Hermes la pluma:
vengan hoy y mañana,
que los quiero lo mismo.
Me gusta ver semblantes tristes en tiempo claro
y alguna alegre risa oír entre los truenos;
bello y feo me gustan:
dulces prados, con llamas ocultas en su verde,
y un reírse zumbón ante una maravilla;
ante una pantomima, un rostro grave;
doblar a muerto y alegre repique;
el juego de algún niño con una calavera;
mañana pura y barco naufragado;
las sombras de la noche besando a madreselvas;
sierpes silbando entre encarnadas rosas;
Cleopatra con regios atavíos
y el áspid en el seno;
la música de danza y la música triste,
juntas las dos, prudente y loca;
musas resplandecientes, musas pálidas;
el sombrío Saturno y el saludable Momo:
risa y suspiro y nueva risa...
¡Oh, qué dulzura, el sufrimiento!
Musas resplandecientes, musas pálidas,
de vuestro rostro alzad el velo,
que pueda veros y que escriba
sobre el día y la noche
a un tiempo; que se apague
mi sed de dulces penas;
ramas de tejo sean mi refugio,
entrelazadas con el mirto nuevo,
y pinos y limeros florecidos,
y mi lecho la hierba de una fosa.
Versión de Màrie Montand

jueves, 8 de septiembre de 2011


Aturde
Aturden los recuerdos de la felicidad
Se cuelan por los poros sin barreras
Como rayos de lozanía vistos a lo lejos

LA LLUVIA DEL ABUELO

De todos los personajes fascinantes mi abuelo era uno de ellos. Era corriente, un hombre, simplemente, pero era un héroe noble para mi. Le e...