I
Todos los caminos conducen a Roma
Menos el tuyo que conduce a la incertidumbre.
Frases de amor desgraciado que me inventas
Tal vez alimentando mi pesimismo rumano,
“te quiero muy a mi pesar”
“no puedo evitar quererte”
Es lo más romántico que sale de tu hígado
Y yo muriéndome en esta melancolía siglo diecinueve
No sabes nada
Eres un pobre espíritu que ve el mar como mar
Que no ve el rococó de las olas
Ni el oscurantismo en pinceladas de “el grito”
Eres tan básico pero querible.
Cállate. Le digo a mi pensamiento
No es él. Sí es él. No quiero que sea él.
El vino es demasiado dulce.
Mi biografía desentona con este personaje pueril
Pero no puedo soltarle.
Es mío. Mío. MIO. Capricho o no… es mío.
II
El vino es dulce.
Va la cuarta la quinta la tercera copa
No sé…. Sigue siendo dulce a mi insulina
Me quieres no me quieres… no me quieras
Que me importa
Al grado etílico le tiene sin cuidado
Tantos años al cuidado de tu cuidado
Pero no lo quieres
Quieres una muñeca inflable, pura sonrisa, puro hule
Pero yo huelo
a hormonas, a vejez, a fastidio.
Baila conmigo
Procura coquetearme más...
Y no reparo de lo que te haré
Me gusta esa canción…
III
Sigue estando dulce el vino, seguro no lo tomarías
Es tan difícil ser básico,
La socialización te corrompe
te evita decir
Quiero hacer contigo lo que la primavera hace a los cerezos
Te obliga a pensar en las visitas conyugales de los presos
Te obliga a pensar tan bajo, tan aborrecible
Hasta sería divertido pensar fornicando con un gay
Porque nada cabe ya en el romanticismo
Está perdido el amor en la costumbre.
El vino me envilece y me hace pensar en suicidios de poetas
Sexton , Plath… no espera Plath no,
No todos están atiborrados de fantasmas viles.
IV
Me quieres? Por favor quiéreme.
No sé por qué eres tú. El vino sigue asquerosamente dulce.
Si no eres tú no es nadie. Si no eres tú es el mar.
Si copulo con el mar me tragará un pulpo gigante
Y el placer será nulo y extraterreno.
No soy yo me dices y tomo más del asqueroso vino dulce.
No soy yo, es alguien capaz de desayunos, de luz de velas
De cartas románticas. No soy yo, me explicas.
El de los desayunos en bandeja, domingo en la mañana.
Y el maldito vino se empeña. Sí es. Las huellas de la playa son de él.
Son suyas todas las peleas, las reconciliaciones, las tormentas.
El odio a los que le rodean sigue. Te sigue pareciendo que es él?
Qué se yo ya. El vino dulce me agobia la garganta y el juicio.
Yo lo espero.
No pienso en más nadie aunque trato y ya el vino me posee.
V
Está bien, corredor hacia el mar. Escena tropical.
Romanticismo a ultranza. Insistes todavía en él?
Qué hacer? Sí. El vino no es culpable. Es mi culpa.
No sé qué veo en él. Es tan imberbe. Tan desprendido. Tan solo.
Quiero que me necesite desesperadamente y él sólo quiere una nube.
Yerma. Yerma. Yerma. Yerma. Sé que él no entenderá.
No importa.
Una playa bastará para enjuagarme esta tristeza.
Sólo escribes cuando el desasosiego te consume? Criminal.
Qué puedo hacer? Es inevitable. Siento que le pertenezco.
Que ya nadie me interesa que el vino es dulce y desagradable
Pero él sigue siendo una utopía necesaria.
Él no me conoce, pero no importa. No puede sentirse alma solamente
Es mi terreno, mi prueba de realidad, mi paso en falso.
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