sábado, 17 de noviembre de 2012

MARAS TORPES

En El País de España leo que encontraron a una concejala mexicana muerta, por fin muerta, en un matorral de esos de desierto donde el viento se lleva los moños de juncos secos. Abajo, en la planta baja de mi edificio un jeep estacionado en la entrada, con la música que aturde, coronado por cinco jóvenes de pie, junto a las puertas abiertas, tragos en manos, seres que vienen a pasarse lo que queda de madrugada vociferando en una calle excelsa llena de árboles y dueños que pasean a sus perros. Concentración. Sigo leyendo a esta hora del insomnio, cuando todos un sábado, ignoran ruidos y hambre matutina. A ella ya la habían torturado los narcos, una vez, como advertencia. La foto del diario es de su torso semidesnudo mostrando las cicatrices que le dejó su último encuentro de advertencia. Me levanto a mirar por la ventana. Calculo no más de treinta años en promedio y desde esa distancia se oyen las anécdotas de hormonas volátiles y víctimas femeninas. Mi hija tan pequeña se levanta y acorde a su socialización censura el escándalo. Vuelvo a la noticia. Fue descuartizada, la tomaron como rehén cuando regresaba de un encuentro social. Deja tres hijos. Yo, leo y pienso en esta soledad de divorcio que extraña que una figura masculina se atreva siquiera a tirar un huevo tras el silencio de las persianas. Se lo habían advertido, dice la reseña, como si diera lástima que la politica no hubiera atendido la irremediable señal de que ya no hay más nada que hacer por ese país donde la causa está perdida. No se fue, no pidió asilo, desaprovechó esa oportunidad increíble se lee entre líneas. Impotencia. Además en la lectura paralela del twitter se cuela un trabajo sobre los agregados que viven en la cárcel. Además se cuela en la conciencia el tío que después de tres días sentado en la taguara del barrio tomando sin parar fue llevado al hospital donde le sacaron setenta y seis gusanos del codo. Rectifico. Releo. Era su tercer atentado. Oriunda de Michoacán, víctima de Los Templarios. Tenía una valentía a prueba de cobardes dice el diario. Antes cegaron a su esposo, pero creyó que era invencible. Leo ¨no es posible que yo claudique cuando tengo tres hijos a los que tengo que educar con el ejemplo¨ y veo que mi pequeña viene diciendo que los tipos de allá, los que estan gritando desde temprano y la levantaron de la cama, le ¨sacaron el dedo grosero¨ cuando se asomó a la ventana. Cambio la bata de dormir por ropa para salir a pelear. Le digo que venga conmigo, ella me dice que no es prudente. Bajo, y me creo concejala. Creo que estoy frente a un grupo exterminio y me creo grande. Los alecciono. En este país todavía sí se puede decir que soy periodista. Los maras torpes me ven y empiezan con argumentos tontos. Por qué me enfrento? No lo sé. Quizás quise ser concejala mexicana por un día y ya siento como ella que no hay nada que perder. Pero estos son maras torpes que hasta hace cinco minutos estaban bailando un reggaee propio del emborrachamiento. Se van. Queda algo de lógica. Y yo, no sé qué siento. Sólo sé que voy caminando sin voltear, que pienso que me han visto la cara y saben dónde vivo. Concejala por un día, pero sobreviviente.

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