alejada del sopor de agosto, más madura, más sepia,
debe ser una señora de visita en una casa antigua,
con su perfume de uvas, de jamón y de risas,
con sus personajes de voz dura y aleteos de manos.
Debe verse como una dama de mundo, aún más,
de sombrero singular, violeta o carmesí, de guantes,
que perdió ya el gusto a gazpacho y sabe a licor dulce,
con su arquitectura monocromática y excelsa y
sus maravillosas cúpulas que los habituales obvian ignorantes.
Cervantes en Plaza España debe lucir menos agobiado
que verlo envuelto en capas bajo el Sol del verano
y los árboles de El Retiro, seguro orquestan desafiantes
toda la gama del naranja, todos los contornos de hojas.
¿Imaginas caminar por ese crujir infinito de rompecabeza?
¿a qué olerá el aire que bordea los museos taciturnos?
¿hará mucho frío ya en octubre para brindar con cerveza?
¿habrá más almas solas deambulando que en la loca primavera?
Cuéntame cómo está Madrid, qué te ha confiado.
Dime si el oso come todavía del Madroño en Puerta del Sol,
si está ese letrero antiguo de Tío Pepe, cincuentón,
si se siguen pisando metáforas en la Calle de Los Poetas.
¿Has visto a alguien tomar fotos de los dinteles tallados?
Deben seguir todos pasando sin ensimismarse, pobres,
deseando tontamente estar en una banal playa del Trópico.
¿Has sucumbido a volver a los salones del Palacio Real,
a no creer que puede haber uno de porcelana china y otro de oro?
¿Te has embriagado con vino barato, caro, tinto, blanco y rosado?
¿Has comido ya tapas y tapas al calor de una buena historia?
¿Has tenido encantadora compañía y se te han pasado las horas?
Qué envidia que estés allá, a un paso también de la bella Toledo.
No dejes de bendecir tu suerte de obviar un rato este tercer mundo
brinda, canta, respira hondo, añora, entrégate al origen,
sueña por mi, vive por lo que no se sabe que vendrá, vibra por todos.
Para Luis y sus andanzas...
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