jueves, 21 de febrero de 2019

El pequeño Larousse

El Pequeño Larousse Ilustrado me abrazó emocionado, tenía tiempo con el lomo al aire en la biblioteca en la misma posición. Al principio dudé en tomarlo porque es tan fácil ahora buscar cualquier palabra en línea mientras escribes, pero no sé que pasó. Exigua, exiguo, fue esa la palabra mágica. Le abrí la barriga allí en la E, vi sus páginas blancas, no sé de qué estarán hechas porque el Pequeño es uno de los pocos libros que no se ha enmohecido en esta casa tan húmeda. Lo compré recién graduada de periodista, con mis primeros sueldos. Qué locura hacer de la compra de un diccionario que casi pesa dos kilos un triunfo de la independencia económica. De Ilustrado no tiene nada y es ahora cuando me pregunto si justamente ese adjetivo será por lo mucho que sabe este barrigón que por los dibujos escasos que tiene. Lo cierto es que cuando lo tomé sentí como un pequeño salto de alegría, no sé si de él, no sé si de mis manos. Mi mente voló a mis "años mozos", aquellos donde no pasaba la mayor parte de mi día sentada frente a una pantalla. Mi pequeño Larousse sigue siendo blanco y rojo, con su tapa dura y conserva además su capa de papel. Mis hijos no lo usan, pero hoy lo volví a consultar después de tanto tiempo y también volví a pensar en aquella locura que quería cumplir de leerlo un poco todos los días para llenar mi cabeza de más y más palabras para contar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LA LLUVIA DEL ABUELO

De todos los personajes fascinantes mi abuelo era uno de ellos. Era corriente, un hombre, simplemente, pero era un héroe noble para mi. Le e...