No sé si para mañana ya esté muerta
te lo dirán las polillas rosadas
se posarán en mi boca si fallezco
y llegarán a tus labios a contarte.
Me habrá vencido la tristeza de la nieve
me habrá congelado los últimos anhelos
y en una entrega absurda y desquiciada
me tomará en sus brazos el recuerdo.
Tal vez ya nada valga mi casa
ni sirvan las notas de amor sobre la mesa
quitaré ahora con urgencia las ventanas
para que mi alma se eleve por fin al tibio Sol.
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