Hoy vuelvo a pensar en lo mismo. No importa cuántas técnicas de motivación emplee. Siempre la culpa y el arrepentimiento van tomados de la mano. He debido torcer el rumbo ese día. Emprender de nuevo la vida en Brasov, Timisoara o Bukovina, al menos me hubiera sonado más cercano ese idioma que no sé hablar. Aquí no entiendo lo que me dicen, no encuentro chuletas ahumadas para hacer tu sopa de crema. Nunca me quedaba igual, pero me daría una sensación de casa. Hoy estoy particularmente triste y como siempre sola. Son esos días en los que me pregunto dónde estaba mi espíritu cuando me hicieron cruzar la frontera y tomar ese avión. Fue una confabulación de amor, lo sé, querían protegerme, que estuviera a salvo, pero estoy ahora en un peligro diferente. El cerebro se despierta en las noches, sabes, es independiente y crea solo. Anoche fue la escena de un gran cocodrilo que salía de un agua en calma y quería comerse un pequeño cachorro juguetón que yo cuidaba en la orilla. Son recurrentes estos sueños angustiantes, me desvelan y me hacen rendir poco durante el día. Me pregunto cuándo cesarán. Ya me cansan las tareas cotidianas en esta casa que me da cobijo o tal vez ya me pesa el medio siglo a cuestas con tantas historias, o simplemente es el tedio de tener que reinventarme a estas alturas. Lo peor viene cuando debo lavar los platos, es cuando pienso demasiado, en ellos particularmente. Sé que por ellos estoy aquí. Pero nada tiene sentido. No me llaman y están abocados a sus propios asuntos. He debido virar, total ya estaban a resguardo con su padre y su nueva familia, ya no podían hacerles daño en esta tierra del sueño americano y no son más unos adolescentes. Pero es que sentí que las tripas, las entrañas, esa cosa elástica que sale del ombligo de las madres me tiraron muy fuerte, sentí los bríos de las alas y las garras de águila y pensé que debía seguir protegiéndolos. Al cruzar esa frontera huyendo sin delito de un país en ruinas he debido tomar otro destino. He debido volar a tus campos de niña, a las historias campesinas con heno y ríos que me contabas, a las cabañas rumanas con olor a embutidos, a las nieves inclementes, a tus poemas de Blaga. Ahora entiendo tu dolor de destierro, la desesperación de ver cómo se quedan con tu casa y tus años de lucha. Te veo en aquel barco durante semanas para llegar a una tierra tropical a cortar caña de azúcar plagada de culebras, a inventar tortas con coco y piña. Contabas tanto durante horas como una verborrea y ahora sé que era terapéutico, para no olvidar, eso es seguro. Y es que se aferran a las venas los lugares, las comidas, las canciones, los amores y hasta los despechos. Soy tú, la reencarnación de un karma sin ojos azules. Allá quedó mamá, no me cabía en la maleta, debes haber visto el abrazo que quería darme y el que yo no quise prolongar como si se tratara de una visita corta. Ella sabe que probablemente repita la historia pero no tendrá que esperar meses a que lleguen las cartas. Tendrá la luz maravillosa del Trópico pero seguirá mintiéndose en la esperanza de una libertad que nunca llega. Me resigno. No podré volver. Si me resistía me quedaba la huida constante porque mantenerme callada ante la injusticia era improbable, ser periodista es luchar, no mentir, defender. Ahora como tú, debo aprender otro idioma y otras leyendas sin castillos ni reyes, tratar de que me gusten otros árboles. Es un ciclo maligno lo que nos ha tocado, de humanos que empujan a otros humanos, no importa a dónde, solo hay unos que triunfan con maldad y otros que atesoran toda la nostalgia del mundo. Recuerdo al abuelo cantando con su erre tan pronunciada mientras trabajaba la madera ”cuando salí de Cuba, dejé mi vida dejé mi amor, cuando salí de Cuba dejé enterrado mi corazón”. Adivino pero solo ahora, que se tragaba las lágrimas. He debido ir a la Bukovina solo para desafiar al destino y hacer triunfar de alguna manera el bien contra el mal. Con toda certeza y aunque suene un poco a desquicio, allá en los Cárpatos y como en un acto simbólico de la culminación de un peregrinaje absurdo, hubiera cortado levemente alguno de mis dedos para derramar gotas de tu sangre sobre aquella tierra que tanto anhelaste. Y quién sabe, tal vez me hubiera quedado.
lunes, 29 de marzo de 2021
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