El engaño de mi espíritu que no es más
Va y viene sin sentido por las obligaciones cotidianas
Sin memoria, se olvida de los horarios infranqueables
Se olvida del alimento, de la respiración yóguica
Va arrastrando su cara deforme como un pastel derretido
Y va dejando tras sí el poco líquido de lágrimas que le quedan
Ya todas las flores son grises de invierno
Y no ve más mi alma las caricias de mis hijos como antes
Las ve distante y las rechaza, me siento muerta
Y soy una fuente inagotable de lágrimas que no puede pensar
Ni vivir, ni sentir, ni odiar, ni temer, ni esperar nada.
Mi espíritu se ha ido a donde estas aunque me desprecias
Aunque el amor se desmigajó en un té de mar
Y botaste lo último que de él quedaba en una ola.
Mi espíritu me sabe a sal…
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