Ay no, no te das cuenta de la vida
Del juego, del tumulto, del alboroto,
De la carrera, del ecocidio, de la maleza,
Del puritanismo, de la malévola boca,
Ay no, te enyesas, te fosilizas, te embalsamas
Y pierdes el baile, pierdes el tren, la proeza,
Ay no, te anquilosomas, te enquistas, te engulles
Te contaminas, no te arrebatas, no te despeinas,
No sucumbes, no te embriagas, no te desacomodas,
Te aferras al hieratismo, te entuertas en lo material
Te envirulizas, te empalagas en placeres
No ves vuelos, ves ventanas, no ves cornisas de reposo.
Ay no, que parquedad, qué silencio, qué sílice
Que ombligo que sólo te ves en blanco y negro,
Ay no, qué hecatombe y qué resistencia
Que hieratismo tan japonés y delicado e higiénico.
Ay no, qué fastidio que no te huelan los pies
Que cansón tu toque místico, tu aura extraña
Que tapadura de desliz, infidelidad, inmadurez y desprecio.
Ay no que cansancio esta ebullición que no cesa,
Esta explosión de sentidos, este mar insufrible de amor,
Ay no que inarmonía, que ganas de fumar, de ser Garbo
Y a la vez Sonntag y tener fuerza y amar el suicidio
Ay no, que ganas de esta bohemia y estar en esta cárcel de chiquillos
En esta obligación de ser madre que no se alcoholiza
Que dilema el gusto por carne joven y labios intensos
Y saberse abandonada, a la orilla de la cerca en el desierto.
Ay no, que misticismo oleoso, que mansedumbre odiosa
Que fastidio esta pose de enredos y esta situación “desastre”
Que paradoja de poeta, malviviente, mi buhardilla inglesa y balzacniana
Que ganas de romper el aura negra que me separa de tu pecho.
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