quiero enseñarte a besar,
será una clase corta pero intensa
perfeccionada por el ansia de esperarte,
lo he trazado todo metódicamente
y he calculado tus labios con los míos,
ya sé cuanto hay que acercarse
para que el calor sea apenas sutil
y a la vez sofocante al tenue roce,
te enseñaré a esperar y desesperarte
en el juego de moverte lentamente
sin apuros, sin atajos varoniles que te agobien
marcados por el sexo primario
que quema tu piel de macho ancestral
que no seduce, no conquista y arremete.
Te diré que mi piel es tan fina que se rompe
y así me besarás con cuidado y deleite
sin dientes, sin compases, sin ataques
suave como los bigotes de un gato silente.
Cuando te traiga el viento de nuevo
te enseñaré a acompañar los besos de susurros
pétalos al oído que dicen nada pero gritan
ataré tus manos para que no sean otros
más que tus labios los que que me acaricien.
Te enseñaré a esperar, como un colibrí, a sorber,
tal vez a rozar con la punta de la lengua,
pasos pequeños, besos cortos de cosquillas
que hagan hervir todos tus ríos.
Cuando la luna te traiga te daré mi espalda
también, para que la llenes de estrellas,
constelaciones de besos, recorridos de espasmos
también, para que la llenes de estrellas,
constelaciones de besos, recorridos de espasmos
pasos de danza de las patas de un gato.
Si vuelves, si acaso vuelves, o si te sueño...
te ensenaré a besar como yo quiero.
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